Si sus hijos mojan la cama, sienten ardor al orinar o presentan cuadros de fiebre, póngales atención, pues algo no anda bien
Algunas madres se molestan porque sus niños mojan la cama, incluso no son capaces de revisarlos cuando se quejan de ardor al orinar, y dejan pasar estos hechos que, en ocasiones, son señales que lanza el organismo de que algo está mal. Algunos pequeños orinan en la cama durante la noche debido a que aún no controlan correctamente sus esfínteres, otros, debido a que sufren algún problema físico y, varios ante ciertos padecimientos de orden sicológico. En cualquiera de los escenarios potenciales, lo mejor y adecuado es acudir con un médico y comentarle la situación. Y es que, de acuerdo con la experiencia de médicos del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), la fiebre sin causa aparente, ardor al orinar, falta de crecimiento, tanto en peso como en talla; padecer más de tres veces al año infecciones urinarias y tener enuresis nocturna, es decir, micción involuntaria (en la cama, por lo general), son signos de alarma de una probable insuficiencia renal en niños. Ojo clínico Sobre el tema, la doctora María Leticia Mendoza Guevara, jefa del Servicio de Nefrología del Hospital de Pediatría del Centro Médico Nacional Siglo XXI del Instituto Mexicano del Seguro Social, sostiene que 70% de los casos de insuficiencia renal crónica en niños se debe a malformaciones congénitas, mientras que el resto lo ocasionan infecciones recurrentes en vías urinarias no atendidas. En este último caso, el problema renal y crónico podría prevenirse -comenta la especialista-, si se acude al médico en cuanto se manifieste alguno de los síntomas señalados. Es común que la madre se dé cuenta de que la orina huele mal y su olor es penetrante, además de que el pequeño tiene fiebre, "sin estar enfermo de la garganta o del estómago", afirma. La doctora Mendoza Guevara advierte que los riesgos de infección urinaria se pueden disminuir mediante una cuidadosa higiene personal (aseo genital), la ingesta de abundantes líquidos y el vaciamiento regular de la vejiga. Desafortunadamente, en los menores de seis meses lo más frecuente son las malformaciones congénitas, que aunque no se curan sí se pueden tratar y controlar con antibióticos. Para evitar infecciones recurrentes se requiere darle seguimiento, a fin de determinar si necesita o no de cirugía. De manera afortunada, 70% de las malformaciones congénitas se corrigen solas al crecer el infante, mientras que el resto requiere de una intervención quirúrgica, aunque todo dependerá del tipo de mal. La mayoría de las veces se puede esperar a que crezca lo suficiente, tanto en tamaño como en peso, para someterlo a la operación. De cualquier manera, los padres deben cuidar que sus hijos no tengan problemas de este tipo, les corresponde la vigilancia, ya que muchos de los niños son muy pequeños como para saber qué mal les aqueja. Un problema renal no debe dejarse pasar, por ligero que parezca. Tiene que ser evaluado por un especialista y en caso necesario, darle seguimiento hasta que desaparezca y no represente ningún peligro para los niños.
FUENTE:http://www.eluniversal.com.mx/estilos/47272.html (EL UNIVERSAL 13 febrero 2006)
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